¿Hacía dónde va nuestro sistema educativo?

nicolas2El comienzo de la nueva legislatura nos dibuja un complejo panorama en el ámbito educativo.  Las iniciativas parlamentarias para paralizar y derogar la LOMCE en el Congreso y el compromiso del Gobierno de suspender las reválidas y dejar sin efecto las medidas pendientes de aplicación de la LOMCE abocan a unos cambios inminentes en la regulación de nuestro sistema educativo.

Desde ANPE ya advertíamos en el proceso de gestación de la LOMCE que ésta no era la reforma profunda y definitiva de nuestro sistema educativo, con carácter estable y con vocación de perdurabilidad, que más bien se trataba de una reforma transitoria, que en un plazo no muy lejano tendría fecha de caducidad. La prepotencia y sinrazón del anterior equipo ministerial, lamentablemente respaldado por el Gobierno, que no quiso buscar el mínimo consenso político y social ni tan siquiera acuerdos parciales la comunidad educativa para poner en marcha algunos de los mejores objetivos contenidos en la  reforma,  que resultaron  mal diseñados y peor ejecutados y que  de haber sido planteados de otra manera en su redacción final, tal vez  hubieran permitido dotar de solidez a  aquellas propuestas y rebatir a los que solo buscaban la confrontación ideológica ante cualquier reforma educativa.

Pero esto ya es sólo historia y el reciente acuerdo por el que se crea una Subcomisión en el Congreso, para la elaboración de un gran Pacto de Estado Social y Político por la Educación da el tiro de gracia a una Ley que nació sin consenso, en un escenario de recortes y que después de tres años de vigencia  ha evidenciado numerosos problemas de aplicación. Dicho pacto servirá de base para que el Gobierno elabore un proyecto de Ley Básica de Educación, que sustituya la legislación vigente y que nazca con vocación de estabilidad a partir de un amplio acuerdo parlamentario y social.

Por tanto nos encontramos en el punto cero de partida, peor aún, ante una complicada labor de desmontaje jurídico que durará bastante tiempo hasta que la LOMCE sea finalmente sustituida por otra Ley.

Ante todo ello nos preguntamos: ¿A dónde va nuestro sistema educativo? Porque para salir de esta situación está claro que es imprescindible  un Pacto o Acuerdo de Estado entre los principales partidos políticos y los demás agentes sociales de la Comunidad educativa para sentar las bases de esa futura ley de educación, pero el camino a recorrer no va a ser fácil, ni mucho menos.

Es verdad que tenemos un buen punto de partida para impulsar un acuerdo básico: el artículo  27 de la Constitución, verdadero pilar del Pacto de Estado. Pero para conseguir una educación de calidad buscando la equidad que nos equipare con los países más avanzados de nuestro entorno, será necesario abordar aspectos básicos como la vertebración del sistema, su modelo y estructura, la financiación de la enseñanza, el desarrollo profesional de los docentes, el funcionamiento de los centros, y la coordinación y cooperación entre todas las administraciones educativas para asegurar la implantación de cualquier reforma. Y hemos dicho más, no hay sistema educativo que resista una nueva Ley Orgánica de Educación con ocasión de cualquier cambio de gobierno y además, la educación debe ser un asunto de Estado y no de partido. Pero desde nuestra voluntad colaboradora en la búsqueda del pacto o acuerdo también tenemos que  mostrar nuestro escepticismo porque conocemos la encrucijada en la que se encuentra la educación en España.

A partir de ahora todos se tendrán que retratar. Ya no vale la oposición sistemática a una Ley que, efectivamente, ofrecía muchas carencias, pero no es menos cierto que hace seis años con Ángel Gabilondo de Ministro,  se intentaron sentar las  bases de un pacto para abordar cambios en nuestro sistema educativo porque también la LOE-LOGSE había evidenciado sus carencias para dar respuestas a un sistema educativo moderno y de calidad.

Corresponde ahora a los principales partidos políticos  construir un relato veraz de lo que quieren hacer con la educación  para los próximos años. El partido Popular después de esta fallida experiencia tendrá muy difícil construir un proyecto alternativo al de la izquierda ideológica y el nacionalismo. Y los demás  tendrán que poner sobre la mesa el contenido de sus propuestas para responder a  los retos y exigencias de un sistema educativo estable y duradero, que nos aleje de la confrontación ideológica permanente.

Desde ANPE, nuestras propuestas han estado y estarán encima de la mesa, partiendo de nuestros principios. Es preciso un cambio hacia parámetros de calidad basados en la valoración del conocimiento, la exigencia en el aprendizaje, la evaluación rigurosa y el esfuerzo como garantía de progreso personal,  porque sin esfuerzo no hay aprendizaje. Estos son valores educativos universales, no exclusivos de determinadas ideologías. Creemos que sólo una escuela excelente, en la que se obtenga el máximo rendimiento de cada alumno y se le exija un esfuerzo por lograrlo, puede compensar las desigualdades socioeconómicas. Por eso afirmamos que sólo una enseñanza pública de calidad puede garantizar el principio de igualdad de oportunidades para todos.

Por otro lado, en una situación como la actual,  es más necesario que nunca invertir generosamente en educación y a la vez rentabilizar óptimamente los recursos para que reviertan en la mejora del sistema educativo. España no puede seguir manteniendo en poco más del 4% el porcentaje del PIB destinado a la educación, muy por debajo de la media de la OCDE. El Pacto de Estado deberá hablar claramente de financiación.

Y una última reflexión.  La actual situación del profesorado y su futuro profesional requieren un tratamiento urgente en el compromiso de mejorar la educación.   En este impulso es prioritario un Estatuto del Profesorado que contemple el desarrollo de una auténtica carrera profesional, desde el ingreso hasta la jubilación, así como la articulación de medidas que desarrollen el reconocimiento de la autoridad  del docente y que regulen sus derechos y deberes. Es decir, todas aquellas actuaciones que dignifiquen la figura del profesor, le devuelvan su valoración social y hagan más atractiva y motivadora su tarea, de modo que consigamos atraer a la docencia a los mejores profesionales. Es imprescindible contar con el profesorado, convertirlo en uno de los pilares del pacto, porque ninguna reforma educativa podrá arraigar si en ella no se cuenta con la implicación de los docentes.

La idea de alcanzar un pacto social por la educación es encomiable y merece la pena intentarlo, sabiendo que el pacto es un medio y no un fin en sí mismo. Para ANPE, se trata de un instrumento necesario para cambiar y mejorar nuestro sistema educativo y a conseguirlo dedicaremos todo nuestro esfuerzo. En cualquier caso, todas estas medidas deberán ser abordadas con generosidad y sin prejuicios ideológicos si verdaderamente creemos que la educación es la clave del futuro social y económico de un país.