Las disfunciones del sistema educativo.

NICOLAS2La convivencia de dos sistemas educativos diferentes en las aulas (LOMCE y LOE) después de que el Gobierno decidiera desmontar poco a poco la controvertida LOMCE con el objetivo de alcanzar un gran pacto educativo está generando disfunciones que se han visualizado, sobre todo, con la liquidación  de las reválidas, que  a partir de ahora sólo tendrán carácter orientativo y muestral y en el proyecto de normativa que regula los requisitos para la obtención del título de graduado en la ESO y en el Bachillerato

Así, en la próxima prueba de evaluación final al término del Bachillerato  los alumnos solo tendrán que examinarse  de las asignaturas generales del bloque de las troncales cursadas en el segundo curso de la etapa, lo cual supone que ya no tendrán que examinarse de algunas  asignaturas de peso, entre otras, como son la Literatura Universal o la Matemática aplicadas a las Ciencia Sociales, en la prueba de acceso a la Universidad, después de que el Ministerio de Educación decidiera suprimir la reválida de Bachillerato y restableciera, parece ser que con el consenso de todas la comunidades autónomas, un sistema de examen similar al de la Selectividad regulado en la anterior LOE.

En lo que respecta a la obtención del título de la ESO, no va a ser necesario sacar un 5 ni aprobar todas las asignaturas para lograr el título.  Cualquier alumno de 16 años con un 4,5 de media en toda la ESO y con suspenso en Geografía e Historia y Matemáticas, por ejemplo, podrá salir del instituto con el título la ESO debajo del brazo y pasar incluso a cursar el Bachillerato. La LOMCE exigía que el alumno, al menos tuviera un 5 de nota media. Sin embargo, la decisión –vigente desde diciembre pasado– de dejar sin efecto académico las reválidas ha llevado al Ministerio de Educación a elaborar un proyecto de normativa que si no se atienden a las recomendaciones que puedan surgir del Consejo Escolar del Estado y no se da marcha atrás nos devuelve al sistema de evaluación que se venía aplicando anteriormente, que no es otra cosa que lo que regulaba la antigua LOGSE-LOE. El Ministerio aduce que la media es coyuntural, mientras se llevan a cabo las negociaciones para el pacto de estado, pero no deja de ser una renuncia en toda regla a su propio principio y planteamientos recogidos en la última reforma.

Desde ANPE hemos criticado siempre estas medidas instauradas en  el modelo educativo español que rebajaban  notablemente en las últimas décadas la cultura de la exigencia, del rigor y del esfuerzo, recogidas en la regulación de los propios criterios de evaluación y promoción de curso. Se trata de un modelo que, buscando la igualdad y esforzándose por conseguir la mayor equidad – reconocida en los informes internacionales-  ha dado lugar a profundas desigualdades porque, cuando un sistema educativo tiene carencias, perjudica a quienes no pueden compensarlas con actividades externas. Así que nos hemos encontrado con la paradoja de que el propio modelo igualitario crea la desigualdad.

Y nos hemos opuesto a esta devaluación del mérito porque no solo se perjudica al sistema educativo en general sino a la propia enseñanza pública,  que es precisamente la  más perjudicada por este modelo. Por ello, defendemos como necesario un cambio de modelo educativo hacia parámetros de calidad basados en la valoración del conocimiento, la exigencia en el aprendizaje, la evaluación rigurosa y el esfuerzo, conceptos que no están reñidos con la atención a la diversidad o las necesidades especiales, todo lo contrario, impulsan las verdaderas potencialidades de los alumnos, sea cual sea su punto de partida.

El concepto del falso igualitarismo y las medidas académicas de bajada de niveles devaluando el mérito y el esfuerzo han perjudicado a varias generaciones de alumnos y han desmotivado a los profesores. Estas medidas atentan contra la calidad y excelencia del sistema e incluso contra la propia autoridad magistral de los profesores.

Y una última reflexión, a estas disfunciones que afectan a la cultura del rigor y el esfuerzo debemos añadir otra, cual es la continua improvisación y los cambios de criterios recogidos en la normativa a dos meses del final de curso, lo que genera desconcierto y confusión entre el profesorado y el alumnado.

La búsqueda de un pacto educativo que es un objetivo loable, no puede hacerse a cualquier precio, si para ello se ha de renunciar a los verdaderos principios vertebradores de la educación: la responsabilidad, el respeto, la autoridad magistral, el esfuerzo, la exigencia, la excelencia en la medida máxima de las posibilidades de cada alumno y la propia evaluación como instrumento de medir el progreso en el aprendizaje.

Aunque somos escépticos, aún se está a tiempo de rectificar.